El Salón Dorado de la Legislatura Porteña se quedó chico para despedir a Luis Brandoni, el actor y referente político que falleció a los 86 años. Pero más allá del dolor artístico, su velatorio se convirtió en un acto de fuerte carga política, validando su rol como uno de los defensores más férreos de las instituciones. Mientras miles de personas desfilan frente a su féretro, queda claro que su partida marca el fin de una era donde el arte y la militancia por la libertad caminaban de la mano sin pedir permiso.
La presencia de figuras de todo el arco político y la emoción de sus colegas del espectáculo demuestran que Brandoni no fue un tibio. Su despedida en la Legislatura es el último mensaje de un hombre que nunca se calló y que ahora deja un vacío institucional difícil de llenar. Córdoba, provincia que siempre lo recibió con salas llenas, también siente el impacto de perder a una de las voces más coherentes y valientes de la cultura nacional. ¡Hasta siempre, «Beto»!
