28 junio, 2026
OdzCvPtv3E_0x1000__detail

A 11 años de la primera movilización histórica, las calles de las dos principales capitales de la Argentina se colmaron de banderas, dolor y reclamos urgentes. En Córdoba, la marcha estuvo signada por el desgarrador testimonio de los abuelos de Agostina Vega, mientras que frente al Congreso de la Nación se exigieron respuestas ante el alarmante desmantelamiento de las políticas de prevención.

Las calles del país volvieron a vibrar bajo una consigna que, lejos de apagarse, se resignifica con una rabia renovada. Este miércoles 3 de junio, miles de personas se movilizaron de manera simultánea en la Ciudad de Buenos Aires y en Córdoba capital para exigir el cese de los femicidios. En la Capital Federal, la concentración principal se desplegó frente al Congreso de la Nación, donde el colectivo central de Ni Una Menos leyó un duro documento que apuntó contra el desmantelamiento de las políticas estatales de género, el cierre de la Línea 144 en diversas dependencias y el recorte presupuestario, alertando sobre la «institucionalización de la crueldad». Madres y familiares de víctimas marcharon con carteles con la dura frase: «Nuestras hijas están en cementerios, mientras los asesinos gozan de privilegios».

A cientos de kilómetros de allí, en la ciudad de Córdoba, la fisonomía de la marcha adquirió un tinte de conmoción y luto local absoluto debido al reciente crimen de Agostina Vega, la adolescente de 14 años asesinada en un descampado. El epicentro de la concentración cordobesa tuvo lugar en la intersección de avenida Colón y Cañada, reuniendo a una verdadera multitud. La cabecera de la marcha provincial estuvo trágicamente marcada por la presencia de los abuelos de la víctima. En diálogo con Cadena 3, Gladys, la abuela de la menor, expresó entre lágrimas un desesperado pedido de justicia que conmovió a las columnas de manifestantes: «Queremos que el asesino no salga nunca más, que pague por lo que le hizo a una criatura inocente».

El enroque de reclamos entre Buenos Aires y Córdoba dejó en claro que la problemática de la violencia machista atraviesa transversalmente el tejido social del país, en un 2026 donde las estadísticas registran el escalofriante promedio de un femicidio cada 35 horas. Mientras en las inmediaciones del Congreso nacional las agrupaciones apuntaron contra la intemperie y la falta de refugios producto de la motosierra sobre las redes de contención, en Córdoba el foco vecinal se unificó para exigir el fin de la burocracia en los tiempos de la policía y los fueros judiciales, transformando el dolor de toda una provincia en una imponente herramienta de lucha y supervivencia colectiva.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *