El tablero político de la UCR cordobesa está que arde y los movimientos «fuera de libreto» empiezan a ser la norma. A menos de un año de las legislativas de 2025, que dejaron al radicalismo con más dudas que certezas, Marcos Ferrer (presidente del partido) y Ramón Mestre han comenzado un lento proceso de deshielo. Lo que hasta hace poco era una relación rota, hoy transita el terreno de las «insinuaciones» y los contactos reservados, motivados por una realidad ineludible: los límites ideológicos se están volviendo porosos ante el avance de Javier Milei.
El dato más fuerte de este coqueteo es la mirada hacia el universo libertario. Mestre, históricamente crítico del Presidente, ha activado canales de diálogo con el diputado Gabriel Bornoroni y mantiene vínculos en Buenos Aires con el entorno de los Menem. Por su parte, el sector de Ferrer y su espacio Generación X leen el escenario con pragmatismo; saben que para competir en 2027 necesitan una UCR unificada y abierta a nuevas alianzas, incluso con La Libertad Avanza, para enfrentar al peronismo de Llaryora.
A pesar de las reuniones y los gestos, la desconfianza acumulada desde las internas de 2021 sigue siendo un lastre difícil de soltar. Mientras el mestrismo presiona por definir liderazgos a través de internas partidarias, Ferrer busca evitar nuevas fracturas que debiliten aún más el sello radical. Por ahora, coquetean pero no concretan: el radicalismo cordobés se debate entre mantener su identidad histórica o sumarse a la ola violeta para recuperar el protagonismo perdido en las urnas.
