La estructura de 37 pisos, antigua sede de la farmacéutica Pfizer, registró el colapso y hundimiento de columnas en el piso 21. Más de 150 especialistas trabajan con sensores de precisión y drones para intentar apuntalar el edificio, que continúa en movimiento.
Un megaoperativo de emergencia paralizó el centro de Manhattan, en la ciudad de Nueva York, ante el inminente riesgo de colapso de un rascacielos de 37 pisos ubicado en el número 235 de la calle 42 Este, a pocas cuadras de la emblemática estación Grand Central. Las autoridades municipales dispusieron el cierre absoluto de las arterias viales periféricas y ordenaron la evacuación inmediata del inmueble afectado, de otros nueve edificios colindantes —incluidos hoteles y oficinas— y de una escuela infantil que albergaba a unos 400 niños.
La alarma se encendió durante las primeras horas de la mañana de este martes, cuando el Departamento de Bomberos de Nueva York (FDNY) recibió reportes sobre desprendimientos y caída de mampostería desde los niveles superiores de la torre. El edificio, que históricamente funcionó como la sede corporativa de la multinacional farmacéutica Pfizer, se encontraba desocupado por personal administrativo debido a que estaba siendo sometido a ambiciosas obras de remodelación y conversión arquitectónica para transformar sus oficinas en departamentos residenciales, sumando además la construcción de once plantas adicionales.
Al realizar las inspecciones técnicas de urgencia en el interior del rascacielos, los ingenieros civiles y cuadrillas de rescate detectaron fallas estructurales críticas concentradas en el piso 21. El alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani, confirmó públicamente la gravedad de la situación. “Dos columnas estructurales de soporte cedieron y se combaron, además hay múltiples grietas y pisos hundidos. El edificio sigue siendo inestable. Desde que llegamos al lugar, hemos presenciado movimientos adicionales en una de las columnas comprometidas”, advirtió el mandatario local, llevando tranquilidad al aclarar que todos los obreros de la construcción fueron puestos a resguardo sin registrar heridos.
Monitoreo milimétrico y tareas de apuntalamiento
La complejidad del escenario obligó a establecer un estricto perímetro de exclusión denominado «zona de amenaza de colapso». El jefe del Departamento de Bomberos, John Esposito, detalló que las vigas maestras de acero comenzaron a curvarse y desviarse por la presión del peso superior, y alertó que la estructura se mantiene en un proceso de asentamiento dinámico. Para dimensionar el peligro reinante, los equipos de respuesta utilizan herramientas de medición láser especializadas capaces de captar desplazamientos de centímetros o fracciones de pulgada en tiempo real, apoyados por drones que examinan la fachada externa.
Por su parte, el titular del Departamento de Edificios de la ciudad, Ahmed Tigano, especificó que el plan de contingencia diseñado por los 150 expertos desplegados en la zona consiste en ingresar maquinaria pesada y estructuras metálicas de soporte hacia el piso 21 una vez que se verifique una ventana de estabilidad relativa. La meta inmediata de los ingenieros es apuntalar ese nivel crítico y posteriormente realizar un escaneo exhaustivo en el resto de los subsuelos y plantas altas para localizar otros puntos débiles que demanden refuerzos de emergencia, intentando salvar el rascacielos de una demolición descontrolada.
