El presidente chino arribó a Corea del Norte para reunirse con el líder norcoreano tras casi siete años de su última visita. El histórico encuentro busca ratificar el tratado de defensa mutua, aunque Pekín observa con cautela el fuerte acercamiento militar entre Pyongyang y Rusia.
Las placas tectónicas de la geopolítica asiática volvieron a moverse con fuerza. El presidente de China, Xi Jinping, aterrizó este lunes en Pyongyang para iniciar una visita de Estado de dos días tras aceptar la invitación formal de su par norcoreano, Kim Jong-un. El viaje representa un hito diplomático de primer orden, ya que se trata del primer desplazamiento del mandatario de la superpotencia asiática a territorio norcoreano desde 2019, rompiendo casi siete años de distanciamiento físico en las cúpulas de ambos regímenes comunistas.
El reencuentro de los mandatarios se produce en un contexto de altísima sensibilidad internacional y pocas semanas después de que Xi Jinping mantuviera reuniones bilaterales clave en Pekín con el presidente estadounidense, Donald Trump, y con el líder ruso, Vladimir Putin. China continúa siendo el pulmón de supervivencia económica y el principal escudo político de Corea del Norte, un país asfixiado por severas sanciones financieras del Consejo de Seguridad de la ONU debido a sus constantes ensayos de misiles balísticos y sus desarrollos nucleares de alcance intercontinental.
Más allá del evidente valor de propaganda interna para Kim Jong-un, quien busca exhibir legitimidad internacional tras los años de aislamiento por la pandemia, la cumbre coincide con el 65° aniversario del histórico tratado de defensa mutua que une a ambas naciones. Este pacto fronterizo, el único acuerdo de asistencia militar recíproca en caso de invasión que Pekín sostiene de manera oficial con otro país en todo el planeta, sigue siendo la garantía estructural del statu quo en la península.
A pesar de los sonrisas protocolares y la vecindad de 1.400 kilómetros de frontera, la relación bilateral navega una compleja dinámica de recelos. Analistas internacionales destacan que Xi Jinping observa con extrema prudencia y recelo el vertiginoso alineamiento militar que Corea del Norte consolidó con el Kremlin en el marco de la guerra en Ucrania. Pekín busca equilibrar su rol como soporte de Pyongyang sin que la alianza con Kim Jong-un termine dinamitando por completo sus lazos comerciales con Occidente o dándole a Rusia el control absoluto del tablero de seguridad en el noreste de Asia.
