El legendario líder de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota falleció a los 77 años en su casa de Parque Leloir. Afrontaba desde hacía una década un severo diagnóstico de Parkinson que lo había alejado de las presentaciones en vivo, pero no de su incansable producción de estudio.
El rock argentino y la cultura popular del país perdieron a su máximo e indiscutible referente de masas. Carlos Alberto «El Indio» Solari murió este viernes a los 77 años en su mítica residencia de la localidad bonaerense de Parque Leloir, en el partido de Ituzaingó. La noticia, que genera una conmoción de dimensiones incalculables, marca el cierre definitivo de una era musical signada por la autogestión, la poesía críptica y las movilizaciones de feligreses más multitudinarias que el espectáculo civil de América Latina recuerde.
La Justicia bonaerense, a través de la Unidad Funcional de Instrucción (UFI) N° 2 de Ituzaingó, tomó intervención formal tras el deceso del vocalista y constató que el fallecimiento se produjo por causas estrictamente derivadas de la progresión de la enfermedad de Parkinson, afección neurodegenerativa con la que el músico convivía desde hacía al menos diez años. Solari se encontraba contenido por su entorno familiar directo en la intimidad de su hogar, el mismo sitio que funcionó como su búnker creativo y su estudio de grabación durante las últimas décadas de su vida.
Nacido en Paraná y forjado artísticamente en los pasillos de La Plata de fines de los años 70, Solari construyó junto a Skay Beilinson la mística indestructible de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, banda que disolvió en 2001 tras un éxito descomunal e indomable. Posteriormente, ratificó su estatus de deidad popular al frente de Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado y, en años más recientes, bajo proyectos experimentales de estudio como El Míster y los Marsupiales Extintos. Se había retirado físicamente de los escenarios tras el accidentado e histórico recital de Olavarría en marzo de 2017, cuando las limitaciones del cuerpo comenzaron a jugarle en contra.
«El profesor Parkinson va teniendo éxito con mi vida, es una enfermedad muy jodida e invalidante», había confesado crudamente el cantante en una de sus últimas entrevistas públicas con la prensa europea, donde detalló que su padecimiento no se manifestaba en temblores sino en severas e insoportables contracturas musculares que él mismo comparaba con transformarse en «un enano de yeso». En los últimos tiempos, el Indio encontraba su único refugio contra el dolor crónico en las artes plásticas, la literatura y la composición instrumental entre las paredes de su casa, dejando un legado poético inmortal que ya forma parte de la identidad nacional argentina.
