28 junio, 2026
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En una de las operaciones aéreas más masivas y coordinadas en lo que va del conflicto, las fuerzas militares de Ucrania lanzaron este miércoles una violenta oleada de ataques con misiles de largo alcance y más de 140 drones suicidas contra infraestructuras críticas en suelo ruso y la península anexionada de Crimea. El bombardeo, que incluyó el uso de armamento de alta tecnología provisto por potencias occidentales, alcanzó refinerías de petróleo, aeródromos militares y puertos estratégicos, logrando vulnerar las defensas del Kremlin.

El golpe de mayor impacto político e institucional de la jornada se registró en la ciudad portuaria de Sebastópol, en Crimea. Allí, un misil británico de largo alcance Storm Shadow impactó de lleno contra la sede del Banco Central de Rusia (BCR), desatando un feroz incendio en el techo del edificio y destruyendo las viviendas civiles linderas debido a la onda expansiva. En paralelo, otra incursión con vehículos no tripulados provocó explosiones en la terminal portuaria de Tuapsé, a orillas del mar Negro, derivando en un incendio generalizado dentro de la refinería local, un enclave logístico vital para el reabastecimiento de las tropas del Kremlin.

La contraofensiva comandada por Kiev también extendió su radio de destrucción hacia el interior profundo de la Federación Rusa. En la ciudad de Taganrog, a orillas del mar de Azov, misiles ucranianos impactaron contra una importante planta de reparación de aviones militares, dejando un saldo de dos civiles heridos. En tanto, las alarmas de Moscú se encendieron tras reportarse un ataque con proyectiles de «alta velocidad» en la región de Vorónezh, los cuales detonaron en las inmediaciones del aeródromo militar Baltimore, obligando al despliegue de comités de emergencia ambiental por derrames de combustible.

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