El gobernador de Buenos Aires, Axel Kicillof, prepara su primer desembarco físico en territorio cordobés para este viernes, en lo que representa un movimiento estratégico de alto voltaje hacia su proyecto presidencial 2027.
La excusa formal será su participación en el Congreso Nacional de la Federación de Sanidad (FATSA) en La Falda, donde compartirá escenario con el triunviro de la CGT, Héctor Daer. Kicillof llega a la provincia «más refractaria» al kirchnerismo con un objetivo claro: empezar a caminar la zona núcleo sin romper el delicado equilibrio que mantiene con el gobernador Martín Llaryora.
La agenda del bonaerense se maneja con extremo hermetismo para evitar ruidos políticos. Aunque ambos mandatarios mantienen canales de diálogo abiertos frente al «enemigo común» que representa el ajuste de Javier Milei, el cordobés cuida las formas: a Llaryora no le molesta que Kicillof construya, pero evita cualquier foto conjunta que pueda ser utilizada por la oposición local para pegarlo al mundo K. Por su parte, el equipo de Kicillof analiza completar la jornada con visitas a fábricas, universidades o firmas de convenios con intendentes aliados, buscando «salir bien parado» de una provincia donde el peronismo nacional tocó fondo en las últimas elecciones.
El armado de Kicillof en Córdoba cuenta con el apoyo de dirigentes como Carlos Caserio y busca seducir a un electorado que hoy parece blindado por los libertarios y el schiarettismo. El plan es de largo aliento: los armadores de La Plata saben que los intendentes cordobeses no sacarán los pies del plato de Llaryora hasta que pasen las elecciones provinciales de 2026. Hasta entonces, la estrategia será «de abajo hacia arriba», intentando reconstruir un piso electoral que lo acerque más al 30% que supo tener Alberto Fernández en 2019 que al magro resultado de Sergio Massa.
