11 mayo, 2026
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Daniel Passerini decidió salir de la zona de confort de la gestión municipal para meterse de lleno en la arena política nacional.

Con el aval de Martín Llaryora, el intendente cordobés inició un raid mediático por Buenos Aires con un discurso filoso: asegura que la era de Javier Milei tiene fecha de vencimiento y que no habrá reelección en 2027. Para el «lord mayor», el fracaso del modelo libertario es un hecho y busca posicionarse como el líder de una «resistencia de intendentes» que, con el humanismo y el Papa Francisco como bandera, deben contener el impacto social de la motosierra en las ciudades más grandes del país.

Este giro estratégico no es casual. Al levantar el perfil en medios porteños, Passerini logra dos objetivos: esquivar las preguntas incómodas sobre los baches y la basura en Córdoba —gestión que él mismo calificó con un humilde «cuatro»— y empezar a tallar su nombre en la mesa chica del PJ para lo que viene. En su entorno ya lo venden como «el segundo dirigente más importante de la provincia» y calientan motores para 2027. Aunque no puede repetir en la intendencia, Passerini quiere ser quien corte el bacalao en las listas de senadores y diputados, o incluso sonar para la vicegobernación, disputándole terreno a Myrian Prunotto y al schiarettismo ortodoxo. La pelea por el poder en Córdoba ya se mudó a los estudios de streaming de Capital Federal.

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