28 junio, 2026
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El exministro de Seguridad reavivó los cruces en el Senado provincial al cuestionar a Axel Kicillof por su postura frente a Cristina Kirchner. El giro discursivo de Berni expone las tensiones en Unión por la Patria por el liderazgo del espacio y la carrera hacia el armado electoral.

El reciente y caótico reinicio de las sesiones ordinarias en el Senado de la Provincia de Buenos Aires no solo dejó en evidencia la parálisis legislativa de los últimos meses, sino que actuó como catalizador de una interna peronista que ya no se digiere puertas adentro. El principal protagonista del quiebre en el recinto fue Sergio Berni, actual jefe del bloque oficialista, quien construyó una encendida alocución destinada a marcarle la cancha de manera directa al gobernador Axel Kicillof y a la vicegobernadora Verónica Magario, tensando los hilos de la conducción del Partido Justicialista (PJ) provincial.

El posicionamiento actual de Berni en defensa del liderazgo de Cristina Fernández de Kirchner abrió un inmediato archivo de contradicciones en el tablero político. El legislador cuestionó severamente a Kicillof por no adoptar una postura de defensa corporativa más férrea hacia la expresidenta, recordándole en pleno recinto que fue ella quien «le abrió las puertas» para proyectar su carrera política. La vehemencia del reclamo derivó en una sanción reglamentaria por parte de Magario, quien le cortó el micrófono tras superar el tiempo estipulado, desatando el malestar del exministro de Seguridad.

La paradoja discursiva de Berni radica en su propio e inestable recorrido de lealtades de los últimos años. Durante y después de su gestión en el Ministerio de Seguridad bonaerense, el dirigente buscó diferenciarse sistemáticamente de los sectores más duros del kirchnerismo y de la agrupación La Cámpora, llegando a declarar públicamente en diversos medios que se había «ido del kirchnerismo» para «cortar el cordón umbilical». Sin embargo, el vaivén más drástico se registró hace apenas dos meses, en abril de este año, cuando Berni afirmó de forma categórica en televisión que «votaría a Kicillof con los ojos cerrados» para la presidencia de la Nación, calificándolo como el único candidato firme, con doctrina y visión de futuro dentro del espacio.

El espejo de Leandro Santoro y las dobles varas de la militancia

En los pasillos de la política bonaerense, los sectores aliados al gobernador Kicillof comenzaron a trazar comparaciones sobre cómo el espacio digiere las disidencias internas según las conveniencias del armado. Desde el entorno provincial recuerdan que, durante la campaña para la jefatura de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, el peronismo y el kirchnerismo cerraron filas de manera unánime detrás de Leandro Santoro, omitiendo por completo su pasado de duras críticas archivadas en redes sociales hacia las figuras de Néstor y Cristina Kirchner. Aquella tregua pragmática contrasta de manera nítida con el actual esmerilado legislativo que padece Kicillof por parte de sus propios legisladores.

A este escenario de fragmentación ideológica se sumó la presión territorial ejercida por el intendente en licencia de José C. Paz, Mario Ishii, quien complementó la ofensiva de Berni criticando la desatención del Ejecutivo provincial en el Conurbano. Ishii reclamó la aprobación de emergencias alimentarias y denunció el colapso operativo de los hospitales bonaerenses. De esta manera, las demandas de los intendentes por recursos económicos y la batalla de los sectores alineados a la conducción kirchnerista por recortar la autonomía de Kicillof configuran un escenario de gobernabilidad complejo para una provincia jaqueada por el ajuste del gobierno nacional.

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