Perú ingresó en la recta final de cara al decisivo balotaje presidencial del próximo domingo 7 de junio. En un escenario polarizado y marcado por la fragilidad institucional, la candidata de la derecha, Keiko Fujimori (Fuerza Popular), aventaja por una mínima diferencia al postulante de la izquierda, Roberto Sánchez (Juntos por el Perú). De acuerdo con los últimos sondeos publicados antes de la prohibición legal de difundir encuestas, ambos competidores se encuentran en un estricto empate técnico que anticipa un escrutinio sumamente reñido.
La última medición de la consultora Ipsos otorgó a Fujimori un 38% de la intención de voto, sufriendo un leve retroceso de un punto respecto a la medición previa. Por su parte, Sánchez logró consolidar su núcleo duro de apoyo y se mantiene con el 35% de las preferencias. La clave para acceder al Palacio de Gobierno radicará en la captura del voto flotante: el estudio detectó un 12% de sufragios en blanco o nulos y un decisivo 15% de electores indecisos, una cifra crítica en un país donde el voto posee carácter obligatorio y la apatía civil es alta.
El tramo de cierre de campaña quedó condicionado por el tenso debate presidencial televisado el último domingo. El encuentro cara a cara estuvo signado por múltiples reproches y acusaciones mutuas sobre la responsabilidad del «caos» socioeconómico y la inseguridad ciudadana. Mientras la líder de Fuerza Popular buscó capitalizar el descontento hacia los sectores tradicionales de la izquierda, el referente de Juntos por el Perú apuntó contra el pasado autocrático del fujimorismo en materia de derechos humanos, buscando fidelizar el voto antifujimorista que históricamente define las segundas vueltas peruanas.
Las actividades de proselitismo en la vía pública concluirán de forma definitiva el próximo jueves con los tradicionales mítines de cierre. Quien resulte vencedor en las urnas asumirá formalmente la jefatura del Estado el 28 de julio para el período constitucional 2026-2031, convirtiéndose en el noveno presidente de la última década en Perú, una preocupante estadística que refleja la profunda crisis de representatividad y la extrema fragmentación del Poder Legislativo.
