La «Araña» no entrenó alegando un malestar físico mientras Laporta ratificó una oferta de 100 millones de euros. Desde Madrid respondieron con dureza y afirmaron que es un tema de «dignidad».
En el cierre del mercado de pases europeo, Julián Álvarez encendió las alarmas en el Atlético de Madrid al no presentarse a entrenar en el Centro Deportivo de Majadahonda tras dos días de descanso. Mientras la institución adujo una «indisposición física», su ausencia se dio en un clima de alta tensión social tras los silbidos recibidos en el Wanda Metropolitano, motivados por su deseo público de ser transferido al FC Barcelona. El conflicto escaló este miércoles 26 de agosto a pocos días del cierre de la ventana de traspasos fijado para el 1° de septiembre.
En Cataluña, el presidente Joan Laporta rompió el hermetismo y ratificó públicamente que mantiene en pie la propuesta formal cercana a los 100 millones de euros para adquirir al delantero cordobés. Sin embargo, la cúpula del conjunto Colchonero respondió de forma tajante remitiéndose a la cláusula de rescisión de 500 millones y descartando de plano una negociación. Desde la dirigencia madrileña filtraron que existe un «0% de probabilidades» de traspasarlo al rival directo, argumentando que el club fue perjudicado económica y socialmente y sentenciando que la postura «no va de dinero, va de dignidad».
